Siempre que hemos visto algo relacionado a la evolución, terminamos hablando de ambiente, su cambio y las consecuencias sobre los seres vivos. Aquel que por cuestiones azarosas de la recombinación genética reúna las características apropiadas para sobrellevar los cambios, dejará más descendencia. En la escuela secundaria, muchos de nosotros hemos visto el “melanismo industrial”, proceso en que las polillas de los abedules (Biston belularia) más claras quedan expuestas y son alimento visible para los predadores, mientras que las polillas oscuras logran pasar desapercibidas en el hollín de la revolución industrial impregnado en las superficies. De este modo, se produce una reproducción diferencial.
Los seres humanos por nuestra parte, hemos llegado hasta la actualidad gracias a mecanismos evolutivos como los demás seres vivos, aunque se nos debe tener en cuenta la evolución cultural. Si bien existen seres vivos que pueden modificar el ambiente y vivir en sociedad, no hay algo a gran escala como lo humano. Nosotros como especie modificamos el ambiente de tal manera que gran parte de la población humana no vive en contacto con la naturaleza sino en contacto con factores culturales. Por supuesto que sufrimos o recibimos acciones ambientales naturales como un tsunami, terremotos, erupciones de volcanes, olas de calor pero, lo que nos llega directamente tiene que ver con el ambiente cultural que hemos sabido construir. Desde ya, muchos dirán que esto ya estaba cuando yo llegué. No obstante, cada uno ha agregado su granito de arena en el imparable desarrollo cultural.
Los factores culturales están presentes a nuestro alrededor y cito ejemplos: escuelas, ciudades, clubes, iglesias, rutas, autos, etc. aunque también deben considerarse roles: profesor, médico, chófer, presidentes, países, etc, y verán que cosas abstractas tienen sustento en objetos tangibles. Un profesor necesita un aula, un pizarrón, un fibrón o una tiza, guardapolvo, debe haber un timbre o campana (¡qué antigüedad!), elementos que salen del uso y/o explotación de recursos naturales. Si mirás a tu alrededor, verás todos los objetos que te rodean. Tus libros, tus guitarras, tu auto, tu ropa, tu comida (ultraprocesada), luces, horno, puertas y paredes, y ambientes y subambientes. Lo que ocurre en un aula, en un medio de transporte, en la calle, en el interior de tu automóvil, son factores que sin duda te afectarán. Algunas cosas te generarán ideas, otras te darán ganas de huir o dormir el día entero. Existen cosas que entusiasman y otra que no. Lo importante de esto, y es algo que no está alcance de todos, es que podemos cambiar cosas de nuestro entorno: la ubicación de tu cama, lo primero que ves al despertar, lo que leés, lo que mirás (series, películas), lo que comés, los productos que consumís, las conductas y comportamientos, tu forma de consumir (teniendo en cuenta o no al ambiente natural y el factor biótico sustentado en el mismo), etc. ¿Qué pasaría si cambiaras el orden de las cosas que están delante de tus ojos? Como pueden ver, no somos polillas que ante el hollín no podemos hacer nada. Nosotros podemos regular la entrada de aire para que la combustión sea la correcta antes de que se nos ponga negro el comedor. Entonces, ¿podemos controlar nuestra propia evolución?
Las decisiones que tomamos, son parte del factor cultural. Éstas se convierten muchas veces en acciones, y como tales generan consecuencias, aunque cuando todo sale bien decimos resultados. Y ya sean buenas o malas, las consecuencias modifican nuestro entorno. Modificamos a quienes están cerca nuestro, a nuestros lugares de trabajo, hogares y a nuestra propia mente. Creo que a esta altura ya has entendido que si se puede gestionar un proceso evolutivo cultural. A veces para bien, y otras veces para mal (sabemos lo que es la manipulación). De este modo el tema queda expuesto, podemos evolucionar y podemos modificar nuestros ambientes para tal fin.

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