por Ariel Pizzarelli
Sabemos nuestro nombre, y sabemos dónde hemos nacido. Algunas veces tenemos en claro a qué nos dedicamos y otras veces sabemos qué es lo que nos gusta, sabemos que somos padres, madres, ateos, cristianos, mulsumanes, heterosexuales, gays, hombres, mujeres, trans o extraterrestres (hay gente que se considera como tal). Podemos seguir avanzando en este sentido, pero sólo lograríamos entender que no sabemos quiénes somos. Muchos libros pretenden explicarnos desde la autoayuda y ahí está la verdadera cuestión. ¿Cómo hago para ayudarme a mí mismo si no sé quién soy? ¿Por qué tendría que hacerlo? ¿Desde cuándo le dedicamos tanto tiempo a un desconocido? Yo soy de una época o generación, en la cual no se hablaba de política ni religión con extraños, de hecho recuerdo una canción de Ronnie James Dio “Don't talk to strangers” (no hables con extraños), donde quedaban “claro” los motivos por los cuales no había que hacerlo y entendíamos a nuestras madres que repetían todo el tiempo que de religión y política sólo debía hablarse en familia. Hoy ya sabemos que ni siquiera con los familiares se puede hablar de política, pero esa es otra historia.
En la década de los 90 aparecieron muchos libros que afirmaban que el secreto era verse al espejo y decirse esto y lo otro. Esta técnica de la Gestalt no es para nada sencilla. ¿Cómo hago para mirar a la cara a un extraño y hablarle? Muchos al mirarse a la cara comienzan a llorar sin siquiera hablar. Otros quedan mudos, otros hablan, lloran y ríen, todo junto, y algunas veces yo (Ariel) vi como la persona sentada frente al espejo resolvía romperlo en pedazos. Este último caso, evidenciaba violencia familiar. Esa persona había roto el espejo, porque se culpaba de la situación, no se perdonaba y odiaba verse. Así fue que entendí que lo del espejo no es un juego y si es bien usada la técnica puede servir para resolver problemas.
Recuerdo que un día la profesora de Filosofía entró a la clase (año 1996) y preguntó ¿quiénes éramos? Hubo silencio. Muchos pensamos que la profesora comenzaría alguna explicación, ya que ella solía explayarse y luego nos permitía preguntar. Con ella, aprendí a tomar apuntes. Sin embargo, la profesora Verde Rey quería otra cosa. Caminó por el aula, y en la medida que se acercaba a cada uno de nosotros nos miraba y nos preguntaba ¿quién sos? Sin duda fue una de las clases más lindas que recuerdo de la escuela secundaria. Estando ya en el profesorado, cursando educación para la salud, con la profesora Campero, me encontré con el espejo por primera vez. Ahí la pregunta no fue quién sos, ahí era yo, futuro profesor, con necesidades puntuales, y la pregunta fue ¿Quién soy?
Hoy nos enfrentamos a un montón de situaciones que a veces no podemos resolver o entender. Esto que nos pasa a todos nos obliga a ver las cosas desde otra perspectiva. Encima hay miles de versiones de todos los temas que se te ocurran, como si un gran espíritu de confusión se hubiera adueñado de la sociedad. Sin duda es muy difícil vivir así, discutiendo por todo. De nada sirve ser un profesional, ya que estamos rodeados por personas que se las saben todas. Así es como en cinco o seis renglones puedo demostrar como el tema del espejo quedó lejos en el tiempo, porque lo hemos perdido discutiendo con personas que no saben quiénes son.
¿Qué inseguridad tan grande es la que nos lleva a pelear por todo? ¿A qué le tenemos miedo? ¿será miedo a perder algo? Yo no lo sé, pero de un tiempo para acá he decidido ver a las personas que a pesar de todo lo que ocurre se mantienen estables, atentos y sin pelear. He concluido que tales personas se mantienen así porque iniciaron en algún momento de sus vidas la búsqueda del autoconocimiento, es decir saber quiénes son y descubrir el propósito de sus vidas. Puedo ver que algunos de ellos lo han logrado porque veo frutos dignos de esa meta o logro alcanzado. También veo y me identifico con aquellos que buscamos el propósito de nuestras vidas.
La verdad es que no sé si la técnica del espejo alcanza para esta búsqueda, pero que todos hemos nacido para algo es seguro. Por eso creo que no es bueno vivir peleando. Se nos va la vida en eso. Hasta podemos llegar a ser altamente exitosos, viviendo la vida de otro. Sé que eso es triste. Por eso estoy convencido que al saber quién sos o al estar buscando esa verdad, entenderás que todos estamos en la misma, tratando de saber quiénes somos en realidad.